La Costa Brava es un destino lleno de contrastes, y pocos lugares representan mejor su esencia que L’Escala. Situado en el corazón del Empordà, este enclave combina historia, naturaleza y gastronomía en un entorno privilegiado junto al Mediterráneo.
Con la llegada de la Ryder Cup 2031 en Camiral, L’Escala se posiciona como una excelente base para quienes buscan combinar golf de alto nivel con experiencias auténticas en la costa catalana.
Disfrutar de las playas y calas de L’Escala
Uno de los grandes atractivos de L’Escala es la variedad de su litoral. No es un destino de una sola playa, sino de muchos rincones diferentes que permiten elegir según el momento del día o el tipo de plan.
Por la mañana, zonas como Platja de Riells son perfectas para dar un paseo tranquilo junto al mar, con ambiente local y todas las comodidades cerca. A medida que avanza el día, muchos visitantes prefieren desplazarse hacia espacios más naturales como Cala Montgó, una cala protegida por montañas que crea una sensación de refugio muy especial.
El agua suele ser clara y calmada, ideal para bañarse sin prisas o simplemente tumbarse a disfrutar del entorno. Es ese tipo de lugar donde el tiempo parece ir un poco más lento.
Visitar las ruinas de Empúries
Pocas experiencias en la Costa Brava combinan historia y paisaje como lo hace la visita a Ruinas de Empúries.
Caminar entre los restos de antiguas ciudades griegas y romanas con el mar de fondo es algo difícil de explicar hasta que se vive. No es un museo cerrado, sino un espacio abierto donde puedes recorrer antiguas calles, plazas y estructuras mientras escuchas el sonido del mar a pocos metros.
Además, el entorno está muy bien cuidado, con caminos que conectan directamente con la costa, lo que permite alargar la visita con un paseo hacia Sant Martí d’Empúries. Es una de esas paradas que aportan profundidad al viaje, más allá del típico turismo de playa.
Descubrir la tradición de la anchoa de L’Escala
L’Escala tiene una identidad muy marcada ligada al mar, y eso se nota especialmente en su gastronomía.
La anchoa es el producto estrella, y no se trata solo de comerla, sino de entender su tradición. En lugares como el Museo de la Anchoa y de la Sal, puedes descubrir cómo este producto ha formado parte de la vida local durante generaciones.
Después, lo ideal es sentarse en algún restaurante del paseo marítimo y probarlas en su versión más sencilla, con pan y aceite. Es un plan simple, pero muy auténtico, que conecta directamente con la esencia del lugar.


