La Costa Brava, que se extiende desde Blanes hasta Portbou, es un litoral lleno de contrastes donde cada playa ofrece una experiencia diferente. Desde calas escondidas entre acantilados hasta playas amplias con servicios premium, este destino combina naturaleza salvaje con estilo de vida mediterráneo.
Con la llegada de la Ryder Cup 2031 en Camiral, la región se prepara para mostrar al mundo no solo su excelencia en el golf, sino también su espectacular costa.
Cala Sant Francesc (Blanes) – Naturaleza accesible con encanto
Ubicada a pocos minutos del centro de Blanes, esta cala es perfecta para quienes buscan un entorno natural sin renunciar a la comodidad.
Rodeada de pinos y formaciones rocosas, el agua aquí suele estar especialmente calmada, lo que la convierte en un lugar ideal para nadar con tranquilidad o iniciarse en el snorkel.
El contraste entre el verde del bosque y el azul del mar crea una postal muy característica de la Costa Brava, especialmente durante las primeras horas de la mañana.
Cala Boadella (Lloret de Mar) – Una joya escondida
Para llegar a Cala Boadella hay que caminar unos minutos por un sendero rodeado de naturaleza, y precisamente eso es lo que la hace especial.
Al llegar, el paisaje se abre a una cala amplia, de arena fina y aguas transparentes, donde el ambiente es mucho más tranquilo que en otras playas cercanas.
Es un lugar perfecto para pasar varias horas desconectando, leyendo o simplemente disfrutando del sonido del mar en un entorno casi intacto.
Cala Pola (Tossa de Mar) – Entre acantilados y bosque
Cala Pola es una de esas playas que sorprenden incluso a quienes conocen bien la Costa Brava.
Encajada entre acantilados cubiertos de vegetación, ofrece una sensación de refugio natural difícil de encontrar. El agua, clara y profunda, es perfecta para explorar con gafas de snorkel.
Además, su conexión con el Camí de Ronda la convierte en una parada ideal para quienes combinan senderismo y mar en una misma jornada.
Platja d’Aro – Playa, ambiente y lifestyle
En contraste con las calas más salvajes, Platja d’Aro ofrece una experiencia más dinámica y completa.
Su amplia playa permite largos paseos junto al mar, mientras que su entorno está lleno de restaurantes, beach clubs y terrazas donde disfrutar de la gastronomía local.
Es el lugar perfecto para quienes buscan combinar relax durante el día con ambiente al atardecer.
Aiguablava (Begur) – El azul más icónico de la Costa Brava
Aiguablava es, probablemente, una de las playas más fotografiadas de toda la Costa Brava, y basta con verla para entender por qué.
Sus aguas poco profundas y de un intenso color turquesa crean un paisaje casi caribeño, especialmente en días de calma.
A pesar de su popularidad, sigue manteniendo un entorno cuidado, con restaurantes cercanos donde disfrutar de una comida con vistas al mar.
Cala Montjoi (Roses) – Naturaleza en estado puro
Más al norte, Cala Montjoi representa la Costa Brava más salvaje y menos intervenida.
Aquí no encontrarás grandes infraestructuras, pero sí un entorno natural impresionante, rodeado de montañas y con aguas limpias y tranquilas.
Es el lugar ideal para quienes buscan desconectar por completo y vivir una experiencia más auténtica.
Portlligat (Cadaqués) – Donde el arte se encuentra con el mar
Muy cerca de Cadaqués, esta pequeña cala está íntimamente ligada a la figura de Salvador Dalí.
El paisaje es único: aguas calmadas, pequeñas barcas y un entorno que ha inspirado a artistas durante décadas.
Es un lugar perfecto para disfrutar de una experiencia más pausada, donde el tiempo parece ir más despacio.


